Pocos lugares destacan gracias a la combinación de buen servicio y comida. El Seps, de Michoacán, en la Condesa, es un ejemplo.
Al centro y de entrada destacan tres o cuatro tipos de pan higiénicamente sellados con papel de contacto, sobre una tabla de madera. Los puedes aderezar con dos clases de mantequilla. Si estás a dieta o prefieres otra cosa, entonces tienes la opción de morder zanahorias o jícamas crudas que crujen por su frescura y buen tamaño.
El servicio es excelente, como debe ser. El mesero no interrumpe constantemente “Si estás bien”, “Si te hace falta algo” (¡cómo me choca eso!). Toma la orden y se va. Sirve y se va. Vamos, habla lo indispensable y sólo sugiere si preguntas.
Las mesas no están pegadas unas con otras. No escuchas la conversación de todos los que rodean tu espacio vital. Tienes la opción de sentarte adentro o afuera, y la terraza está dividida para fumadores y no fumadores.
Es de los pocos lugares en la Condesa que cuentan con estacionamiento propio y a un lado del establecimiento. No hay que caminar cuadras ni dar vueltas dos horas para encontrar dónde dejar tu auto.
La comida es de buena calidad, buen sazón y con las porciones exactas para satisfacer el hambre de cualquiera. ¿Qué tal una sopa de cebolla y después un filete a la pimienta?
Barato no es, pero tampoco es una mentada de madre. Creo que tiene precios justos. En lugar de ir a donde siempre vas, conoce el Seps, quizá te parezca de viejitos, pero de vez en cuando vale la pena saber cómo comían los abuelos. Para una servidora es un lugar donde se come como Dios manda.
Además, te puede tocar una cena o comida amenizada con un grupo en vivo o un pianista que desliza sus dedos sobre el marfil como si fuera un ángel.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario