
El otro día leí un artículo en el periódico acerca de la descripción de los tan mentados wannabes y los hasbeen, y su papel dentro de la sociedad.
En gastronomía, también existe esta clase de individuos que a continuación describiré de la manera menos impropia y sin afán de corregir ni ofender a nadie.
Podemos encasillar a varias personas que quieren ser gourmets, sibaritas, catadores, chefs, cocineros, entre otros, y que evidentemente, están muy lejos de serlo o aparentarlo.
Y, por otro lado, hay personas que reconocen, sólo con el olfato lo bueno de lo malo, lo regular de lo exótico.
El Wannabe:
Como saben, el wannabe (se pronuncia guanabi), viene de Want to be, en inglés, y la traducción literal es: Quiere ser.
Esta persona es aquella que a toda costa desea ser alguien importante dentro del círculo social donde se desenvuelve, quiere tener éxito y/o dinero; quiere ser popular, famoso o simplemente aparentar que vive una posición de comodidad y buen gusto.
En gastronomía, también existe esta clase de individuos que a continuación describiré de la manera menos impropia y sin afán de corregir ni ofender a nadie.
Podemos encasillar a varias personas que quieren ser gourmets, sibaritas, catadores, chefs, cocineros, entre otros, y que evidentemente, están muy lejos de serlo o aparentarlo.
Y, por otro lado, hay personas que reconocen, sólo con el olfato lo bueno de lo malo, lo regular de lo exótico.
El Wannabe:
Como saben, el wannabe (se pronuncia guanabi), viene de Want to be, en inglés, y la traducción literal es: Quiere ser.
Esta persona es aquella que a toda costa desea ser alguien importante dentro del círculo social donde se desenvuelve, quiere tener éxito y/o dinero; quiere ser popular, famoso o simplemente aparentar que vive una posición de comodidad y buen gusto.
Camina por el mundo tratando de emanar un "charming" que evidentemente no posee porque no nació así, porque no lo trae en la piel ni en la sangre, y mucho menos en su estilo de vida. Porque, como decimos en el DF: Su "código postal", lo delata.
Entrando en materia, el wannabe gastronómico cree que si come frijoles se le olvida el inglés o el francés. Si confiesa en una reunión que todos los domingos se sienta en el mercado a comer barbacoa, se le cae la pintura de "gente decente o de gente que sabe". Es el típico que si está de moda el tequila, bebe tequila, pero hace 20 años, argumentaba que la bebida nacional era para los albañiles.
Este personaje está seguro que por haber probado carne de venado o de jabalí entrará en una élite de personas que conocen “comida exótica”, y por otro lado, no dice que le gusta el mixiote de pollo porque le resulta ordinario.
Las frases célebres del wannabe:
• "A mi sólo me gusta el Malbec, no bebo otra cosa, el Cabernet se me hace muy comercial".
Este hombre cree que los nombres Malbec y Cabernet son las marcas de los vinos, no el tipo de uva.
• "En mi casa no habrá jamás frijoles, ni tortillas ni epazote... es decir, nada que huela a mercado mexicano".
(Sin palabras).
• "Sólo tomo café de Illy, porque es grano italiano”.
Entrando en materia, el wannabe gastronómico cree que si come frijoles se le olvida el inglés o el francés. Si confiesa en una reunión que todos los domingos se sienta en el mercado a comer barbacoa, se le cae la pintura de "gente decente o de gente que sabe". Es el típico que si está de moda el tequila, bebe tequila, pero hace 20 años, argumentaba que la bebida nacional era para los albañiles.
Este personaje está seguro que por haber probado carne de venado o de jabalí entrará en una élite de personas que conocen “comida exótica”, y por otro lado, no dice que le gusta el mixiote de pollo porque le resulta ordinario.
Las frases célebres del wannabe:
• "A mi sólo me gusta el Malbec, no bebo otra cosa, el Cabernet se me hace muy comercial".
Este hombre cree que los nombres Malbec y Cabernet son las marcas de los vinos, no el tipo de uva.
• "En mi casa no habrá jamás frijoles, ni tortillas ni epazote... es decir, nada que huela a mercado mexicano".
(Sin palabras).
• "Sólo tomo café de Illy, porque es grano italiano”.
Illy, efectivamente es una reconocida marca de café italiano y está hecha, en su mayoría o hasta donde yo sé, de granos mexicanos. No estoy muy segura si Italia cuenta con fincas cafetaleras.
Si tienen más ejemplos como estos, no duden en enviármelos. (Nomás no me digan quién lo dijo para no publicarlo).
El Hasbeen:
Se pronuncia jasbin, y quiere decir, en inglés: Ha sido. Las personas que tienen esta descripción son aquellas que por crisis económica han dejado de degustar la comida con las costumbres que tenían.
Abandonaron no por gusto sino por falta de morlacos, las latas de angulas, los vinos franceses, los puros cubanos, los tequilas dorados y las cenas suntuosas.
Pero, la ventaja que tiene el hasbeen gastronómico, es que siempre lo será, tenga o no los medios para comer como a él le gusta. El buen gusto no se cae con la falta de dinero, sólo se transforma.
Así, buscará en lugares populares dónde comer una buena torta ahogada o una sopa de cebolla, aunque en la carta no venga como soupe à l'oignon.
El hasbeen sabrá disfrutar un pan con mantequilla para la cena con un café sencillo, aunque al mismo tiempo añore y extrañe un vino tinto o un coñac para antes de dormir. Este tipo de personas conocen dónde está el mejor vino de la ciudad o el mejor brandy español, y sabe diferenciar entre lo bueno y lo malo, a base de experimento y error.
Sabrá dónde comer los mejores chilaquiles de la zona y cuáles son los platillos tradicionales de la ciudad donde reside. Cuando viaja, lo primero que hace es investigar qué habrá que probar en el sitio donde se hospede, además, conocerá de recetas y de métodos de cocción, independientemente de que sepa cocinar o no (aunque generalmente lo hacen y bastante bien).
Puede sentarse tranquilamente a cenar en el restaurante más caro de París o Nueva York, o en la fonda de la esquina donde sirven comida corrida y sabrá qué pedir y cómo comerlo. Además, su paladar reconoce los aderezos y sazones que hacen que un caldo de pollo con verduras sea delicioso o mediocre.
El hasbeen tomó el mejor licor, comió un corte de carne exquisito y un fumó un buen puro. Guarda celosamente en su cava, las últimas botellas que su pasada fortuna le permitió comprar. Las contempla todas las noches, quizá las acaricie, esperando un buen momento para abrirlas y beberlas con una buena compañía.
Mientras eso sucede, abrirá una lata de sardinas en aceite y las acompañará con un unas galletas saladas. Disfrutará el agradable aroma a pescado que sale de la lata y paladeará cada granito de sal adherido a la masa de la galleta.
El no tener dinero, no significa que se acabe el paladar gourmet.
Pero, la ventaja que tiene el hasbeen gastronómico, es que siempre lo será, tenga o no los medios para comer como a él le gusta. El buen gusto no se cae con la falta de dinero, sólo se transforma.
Así, buscará en lugares populares dónde comer una buena torta ahogada o una sopa de cebolla, aunque en la carta no venga como soupe à l'oignon.
El hasbeen sabrá disfrutar un pan con mantequilla para la cena con un café sencillo, aunque al mismo tiempo añore y extrañe un vino tinto o un coñac para antes de dormir. Este tipo de personas conocen dónde está el mejor vino de la ciudad o el mejor brandy español, y sabe diferenciar entre lo bueno y lo malo, a base de experimento y error.
Sabrá dónde comer los mejores chilaquiles de la zona y cuáles son los platillos tradicionales de la ciudad donde reside. Cuando viaja, lo primero que hace es investigar qué habrá que probar en el sitio donde se hospede, además, conocerá de recetas y de métodos de cocción, independientemente de que sepa cocinar o no (aunque generalmente lo hacen y bastante bien).
Puede sentarse tranquilamente a cenar en el restaurante más caro de París o Nueva York, o en la fonda de la esquina donde sirven comida corrida y sabrá qué pedir y cómo comerlo. Además, su paladar reconoce los aderezos y sazones que hacen que un caldo de pollo con verduras sea delicioso o mediocre.
El hasbeen tomó el mejor licor, comió un corte de carne exquisito y un fumó un buen puro. Guarda celosamente en su cava, las últimas botellas que su pasada fortuna le permitió comprar. Las contempla todas las noches, quizá las acaricie, esperando un buen momento para abrirlas y beberlas con una buena compañía.
Mientras eso sucede, abrirá una lata de sardinas en aceite y las acompañará con un unas galletas saladas. Disfrutará el agradable aroma a pescado que sale de la lata y paladeará cada granito de sal adherido a la masa de la galleta.
El no tener dinero, no significa que se acabe el paladar gourmet.
Muchos confunden lo gourmet con comer caro. Ser gourmet, es igual a distinguir lo bueno, lo bien cocinado, lo sabroso, lo auténtico. Lo que sabe a nuestras abuelas, a raíz, a tradición, a hogar…
El gusto por la buena comida tiene la facultad de permearse por la piel y nuestros sentidos hasta que se apodera del olfato, de la vista y del paladar… Entonces se modificará la manera de ingerir los muy sagrados alimentos.
Podríamos añadir aquí, si me permiten, una casilla más, el Goingtú, que en español sería: El que va, es decir, el que está aprendiendo, porque nadie nace sabiendo.
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